Absuelto el albañil al que le imputaban el homicidio involuntario de tres personas

La muerte de César Tejedor Campomanes, de 67 años, Carmen Ajamil García, de 48, y de la hija de ambos, Lara Tejedor Ajamil, de 7, el 2 de enero del 2005 en su piso de la calle Doctores Castroviejo de Logroño fue el resultado último de la perversa y trágica combinación de múltiples causas. No se puede atribuir a nadie la responsabilidad exclusiva, o de suficiente entidad, como para ser condenado por tres delitos de homicidio imprudente.

Ese, a grandes trazos, es el resumen de la resolución rubricada por la magistrada del Juzgado de lo Penal número 1 de Logroño y en la que decreta la absolución de C.M.F.C., el albañil que se enfrentaba a penas de hasta seis años de cárcel e indemnizaciones superiores al millón de euros como presunto autor de tres delitos de homicidio imprudente. Esa absolución tiene una segunda derivada: la inexistencia de las responsabilidades civiles que pudieran derivarse de los hechos, al margen de las acciones civiles que los perjudicados puedan ejercer.

En el fallo, al que ha tenido acceso Diario LA RIOJA, la magistrada repasa lo expuesto en la vista oral para concluir que no se puede achacar a nadie esas muertes. Las acusaciones aseguraban que C.M.F.C. ejecutó unas obras en el número 3 de Doctores Castroviejo durante las que cayeron escombros en la chimenea comunitaria. Eso, defendían, obstruyó la ventilación de la caldera de las víctimas, lo que provocó su muerte por intoxicación de monóxido de carbono.

El fallo, tras recordar que a diferencia de otros vecinos «para la realización de las obras no se pidió licencia alguna por el promotor […] ni se requirió a un técnico encargado de la supervisión», apunta que al ahora absuelto se le cayó «parte de la antigua chimenea» tras lo que retiró todos los cascotes que pudo. De eso, dice el fallo, «fue consciente la propietaria -pese a lo aseverado por ésta- ya que aconteció al poco de comenzar las obras y ella se encontraba allí». La magistrada cree que no está probado que el acusado avisara al resto de los vecinos de la misma mano para que comprobaran si habían caído cascotes que pudieran obturar sus conductos de ventilación, pero «de lo que sí se tiene constancia es de que la propietaria nada dijo en las reuniones de la comunidad de propietarios ni sobre la ejecución de las obras, ni sobre las incidencias acaecidas en su desarrollo», dice la sentencia.

Pero las causas fueron múltiples y a esos cascotes se suma, sobre todo, el estado de las instalación de la caldera. Por un lado, dice el fallo, «la ubicación de la caldera no era perfecta» ya que estaba colocada en un armario; por otro había un «cegamiento parcial en las rejillas [de ventilación] existentes». Una de ellas estaba «en el interior del armario, en la parte baja de entrada de aire y tenía una caja por delante con objetos, no siendo la evacuación la correcta». Además la caldera había sido manipulada y carecía de un sistema básico de seguridad: «El control de regulación de la válvula de entrada de gas [de la caldera] estaba manipulado para facilitar una mayor entrada de gas -si bien esto no era ilegal- y no existía sistema antirrevoco ya que, en el caso de acontecer el mismo, la caldera se hubiera parado automáticamente».

Revisiones insuficientes

Tampoco, dice el fallo, ayudaron a evitar la tragedia las revisiones de la instalación. La última determinó que «no funcionaba mal», pero cree la magistrada que «tendrían que haber sido más críticas apreciando que el conducto [uno cerámico para la evacuación de los gases] era inapropiado y que el dispositivo anteriormente referenciado [antirrevoco] no estaba instalado». Además, insiste en que también contribuyó al fatal desenlace el hecho de que las rejillas de entrada estuvieran tapadas y la ausencia de una de ellas, «faltando, en consecuencia, ventilación y ocasionando que no entrara suficiente oxígeno». Completa el fallo que «todos estos extremos (dispositivo y rejillas indebidamente tapadas) debían haber sido convenientemente avisados a la propiedad» tras las revisiones.

El último de los elementos coadyuvantes en la tragedia fue el hecho de que «la chimenea del piso 2º no tenía sombrerete», lo que permitió que el agua del gas, la nieve, etc., «despegaran el hollín de las paredes y éste se desprendiera hasta la boca de la caldera, ocasionando que los cascotes caídos se apelmazaran y se taponaran las aberturas existentes entre los mismos, formando una masa, la cual afectaría al funcionamiento de la caldera, extremo que determinaba que pudiera haber otras actuaciones, además de las obras del 5º, que hubieran obstruido la tubería».

«Es por ello que no podemos determinar fehacientemente que lo sucedido en la ejecución de las obras ejecutadas por el acusado fuera la única causa de tal fatal desenlace», completa el fallo que absuelve de toda responsabilidad al acusado.

Fuente:larioja.com
http://www.larioja.com/la-rioja/201601/19/absuelto-albanil-imputaban-homicidio-20160119002544-v.html